Si la primera temporada de Big Mouth ya nos aseguraba que estábamos ante una serie original y transgresora, esta segunda ha servido para darle aún más fuerza a una serie que podría encumbrarse sin dudarlo como una de las mejores series de animación de la época.

 

Esta segunda temporada ha servido para, una vez afianzada, hacer que se desarrolle y evolucione, al igual que ocurre con sus protagonistas.

 

Esto se nota principalmente con los temas que toca esta temporada, que están cada vez más a la orden del día. Desde el humor y la naturalidad, Big Mouth nos habla de la importancia de amar nuestros cuerpos, usar preservativos y evitar causarle mal a alguien simplemente por envidia, entre otras cosas.

Dejando atrás los chistes de pajas y tetas, la serie muestra muy bien cómo es la vida de un adolescente, remarcando enseñanzas que hasta a día de hoy nos hacen falta.

 

Big Mouth crece, y también lo hace su mundo. Los monstruos de las hormonas forman parte de algo más grande, y sus nuevos compañeros así lo demuestran. La serie ya no es tanto el cómo nos crecen las tetas, tenemos pelos en todas partes y nos damos cuenta de lo salidos que estamos, que también, pero se le añaden procesos mentales como pueden ser la vergüenza o incluso la depresión.

 

Una temporada que puede verse en una sola tarde y deja con ganas de descubrir más el maravilloso mundo que está creando Big Mouth.

Entrada escrita por Isabel Robleda (@Claraformo)

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