Película El hombre que mató a Don Quijote
 
Título: El hombre que mató a Don Quijote
Título original: The Man Who Killed Don Quixote
Director: Terry Gilliam
A√Īo: 2018
Género: Aventura, fantasía, drama

 
 
Sancho no acompa√Īaba a Don Quijote por afici√≥n o amistad, que tambi√©n.
Si le sigui√≥ a trav√©s de doncellas encantadas, feroces enemigos y mesetas castellanas fue porque, en el fondo… siempre quiso llegar a tener ese valor capaz de doblegar gigantes.
O al menos, as√≠ lo ha querido ver Terry Gilliam, y as√≠ lo cuenta para ese p√ļblico que todav√≠a est√° dispuesto a escucharle cual leal escudero, aunque la cr√≠tica no pare de proclamar su locura.
 
El Hombre que Mató a Don Quijote se merece cierta consideración especial al verse.
Han sido demasiados a√Īos de verla saltar entre las p√°ginas de noticias, o asomarse a las webs del mundillo, siempre a punto de rodarse y nunca lo suficientemente cerca de concretarse.

Existía un Quijote mítico e inalcanzable, que como todas las quimeras ha tenido que ser un loco, el eterno Gilliam, el que la haga carne.

Fotograma sobre El hombre que mató a Don Quijote
 
Y la √ļnica manera que ha encontrado de plasmarlo ha sido en el despu√©s de los sue√Īos, cuando todas las mejores intenciones se han quedado lejos, y lo que antes fue brillante ahora solo es celuloide viejo: no cuesta mucho ver a Gilliam en Toby, el aguerrido director de publicidad que hizo realidad al Hidalgo de la Triste Figura en corto de estudiante, pregunt√°ndose d√≥nde todo empez√≥ a ir mal y por qu√© ahora no queda magia para rellenar fotogramas de rodajes ca√≥ticos y eternos.
Molinos de energ√≠a e√≥lica rompen actualmente el paisaje de aquella brumosa quijotada acometida por √©l y sus compa√Īeros, cuando se bebieron a tragos largos una fantas√≠a que les dej√≥ ebrios de grandeza y a la vez les llev√≥ lejos del pueblo Los Sue√Īos (qu√© entra√Īablemente cursi eres cuando te pones, Terry).
El zapatero fue Don Quijote, la dulce ni√Īa del posadero una Dulcinea que espera su caballero, y entre rollos de ficci√≥n y realidad se perdi√≥ un “te quiero” verdadero.
 
Contando todo eso como rastrojos de un bello espejismo con audio desincronizado, esta historia nos pregunta que cu√°ndo fue.
Cu√°ndo fue que dejamos de creer en im√°genes atadas a un momento, que nos recuerden lo importante de todo esto. Cu√°ndo fue que paramos de imprimir aliento m√≠tico o hermoso a cada persona que cruzaba nuestra mirada. Y cu√°ndo fue, por favor, que nos llenamos las entra√Īas de realidad, porque la fantas√≠a ya no curaba.
La respuesta llega: fue cuando vimos que no podr√≠amos hacer vida de ello, y sal√≠a m√°s barato trabajar para esos reyes locos “que lo est√°n comprando todo”.

Aquellos que nunca sue√Īan, porque desde el principio lo tuvieron todo, y disfrutan sometiendo algo hermoso de lo que proclamarse due√Īo.

Opiniones sobre El hombre que mató a Don Quijote
 
El pecado de Don Quijote no es distinto: ellos y √©l disfrutan entreg√°ndose a un grandioso sue√Īo con bordes de pesadilla, como ese castillo anacr√≥nico de tiempos pasados donde un ricach√≥n juega a ser el Dios mon√°rquico que ya no podr√≠a ser.
Pero ah√≠ donde el sue√Īo del millonario ruso Alexei est√° vac√≠o, carente de esa chispa que intenta insuflar a spots publicitarios comandados por creativos j√≥venes que maladaptan obras universales, el zapatero Iv√°n tom√≥ el esp√≠ritu de Don Quijote adoptando todo lo contrario, para recordar a casuales viajeros de carretera esa mejor parte de nosotros mismos en la que cre√≠mos todo posible.
El propio Toby, entre medias de ambas posturas, aceptó una Dulcinea de porcelana que no le deslumbrara con su belleza, para mantener a salvo su propio ego con una cobardía que jamás le recuerde sus tiempos de fantasioso caballero: se le hizo más fácil acostarse con Jacqui que aguantarle la mirada a la dulce e ingenua Angélica.
 
Es por eso que la serie de catastr√≥ficas desdichas que les hacen acabar juntos en absurdo viaje a molinos que son/eran/pudieron ser gigantes suenan naturales, como si una ilusi√≥n del pasado que se le hizo tonta por antigua estuviera arrastrando al anta√Īo joven director a una manera de ver el mundo que nunca deber√≠a haber abandonado.

La relectura de Miguel de Cervantes se hace aburrida por exagerada (eterno mal de Gilliam), pero tambi√©n divertida por ser extra√Īamente ir√≥nica: en tiempos actuales, de Guardia Civil que escolta reos y musulmanes hechizados por Malambrino, sigue habiendo hueco para altos ideales, siempre que exista el valor loco de so√Īadores caballeros.

Crítica sobre El hombre que mató a Don Quijote
 
 
Pero, pese a toda la diversión, esta no era una celebración del Quijote; el título ya lo decía, esto es su muerte.
La muerte del hero√≠smo, en tiempos donde cuesta ejercerlo y resistirse a vender tus d√©biles sue√Īos blanquinegros al poderoso dinero, que es capaz de conjurar lujuriosos carnavales enteros.
Qué le vamos a hacer, cada vez cuesta más encontrar una Dulcinea al contraluz de una bella cascada, que no tenga que irse porque las esperanzas no pagan facturas.
 
Aunque siguen existiendo Dulcineas, como siguen existiendo Quijotes.
Lo √ļnico que se puede desear es que siempre sigan viendo, y siendo, gigantes.
 
Todo para que su triste figura al sol del atardecer nos recuerde esa orden de caballería que nos juramos a nosotros mismos, y a nadie más.
 
Escrito por Carlos Sainz

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