The Florida Project

Cartel de The Florida Project
 
Est√°n Disney World, que se compone de Magic Kingdom, Hollywood Studios, Animal Kingdom y Epcot, luego est√° Universal Studios, Sea World… y otro m√°s, uno m√°s dif√≠cil de contemplar.
 
Uno en el abundan los castillos de colores chillones, y gigantescos magos de plástico saludan al paseante. Uno en el que no faltan las noches de fuegos artificiales, y un edificio ardiendo es la mejor atracción que se puede desear. En él, la diversión nunca termina y otros dirían que nunca acaba de empezar.

 

Opinión sobre The Florida Project

 
‘The Florida Project’ abre una ventana a la periferia de los sue√Īos infantiles, versi√≥n estadounidense, en esa zona en la que un pu√Īado de visionarios creyeron necesarios lugares de evasi√≥n, donde la gente podr√≠a olvidarse de sus frustraciones y saludar a su personaje de dibujos animados favorito.
 
Por supuesto, orbitar esa clase de anhelados lugares de recreo no puede ser tan fácil como estar en ellos, y pronto se demuestra así: Moonee y su pandilla pasan las horas del verano en las cunetas de la carretera, rodeados de adultos negligentes y miseria social, que malvive en moteles baratos como la pintura de colores que los cubre.
 
Pero, sorpresa, algo que nunca nadie imaginar√≠a viendo todo eso desde fuera, es que los ni√Īos nunca han necesitado nada m√°s, porque todav√≠a son ni√Īos.
 
Fotograma de The Florida Proyect
 
Ellos no conocen la tristeza o la crueldad, porque se han criado con ella y sus madres (solteras y jóvenes, que se quedaron a la espera de un padre irresponsable) procuran que se olviden de todo eso como cualquier madre haría.
 
Hasta los castigos los toman como un juego, como una excusa para conocer una nueva amiga, tan desconectados est√°n del mundo adulto que ni de sus gritos o reproches se enteran.
 
En este verano, la diversión no conoce límites para ellos y adultos buenazos como el gerente Bobby (maravilloso Willem Dafoe) solo contribuyen a ella. 
 
Opinión sobre The Florida Proyect
 
Se podr√≠a discutir que la historia no parece tener un camino lineal, que m√°s bien parecen una recolecci√≥n de vivencias, o quiz√°s que Sean Baker est√° demasiado enamorado de sus perlas entre la mierda… pero basta echar un vistazo m√°s cercano para apreciar un triste relato de fin de la infancia, contado en un lugar en el que todos creemos que vive por siempre.
 
Sin necesidad de ver a Mickey o visitar el castillo de Cenicienta, Moonee y sus amigos se las apa√Īan para divertirse, mientras de fondo sus madres luchan contra la marginaci√≥n social d√≠a tras d√≠a, buscando un empleo por horas que les permita mantener un cr√≠o y salir de fiesta de vez en cuando.
 
Es tan miserable el contraste, pero est√° tan bien hilado dentro de este reino de colores vibrantes, que s√≥lo nos damos cuenta de lo horrible que estamos viendo cuando son los ni√Īos quienes lo sufren directamente: como testigos silenciosos permanecen ante las acciones m√°s brutales de sus mayores, incapaces de procesarlas en su mente infantil, marcados inevitablemente con la violencia y vileza que les demuestran.
 
Porque hemos cre√≠do que estos ni√Īos lo tienen todo sin tener que visitar a Goofy, y ese pensamiento nos alegra, pero no es as√≠: “este es mi √°rbol favorito porque a pesar de caer sigui√≥ creciendo” confiesa Moonee a su nueva mejor amiga Jancey, inesperadamente consciente de su situaci√≥n y trazando un paralelismo con miles de familias que, como ella, crecen hacia donde les dejan y donde les permiten, muchas veces luchando con u√Īas y dientes de la manera m√°s rastrera posible.
 
En ese punto, cuesta poco simpatizar con Moonee por una infancia que nunca tendrá: ella imagina su habitación ideal en unos apartamentos abandonados, y nos damos cuenta de que sus deseos tienen tanto futuro como ese cascarón vacío (pero colorido), abandonado al sol inclemente de Florida.
 
No nos extra√Īa que Bobby, habiendo confesado sus flaquezas en dos frases (porque a veces no hace falta decir mucho m√°s para imaginar mil desgracias), haya querido ser el guardi√°n de la inocencia de estos peque√Īos, pero hasta √©l poco puede hacer sin rendirse a la evidencia de que el √°rbol ya est√° podrido, y la peque√Īa rama con ello debe vivir, aunque no tenga cabeza ni √°nimo para darse cuenta.
 
Escena de The Florida Proyect
 
Pienso que igual no hac√≠a falta recrearse tanto en la pobreza moral de Halley, la madre de Moonee, o que me sobran muchas escenas que solo inflan las vivencias de estos ni√Īos y poco aportan.
 
Pero también pienso que, cuando alguien va a Florida, tiende a ignorar apresuradamente a estos merodeadores del atardecer, porque son los reinos de fantasía los que importan: por una vez, aunque se cargue el ritmo de la película, y aunque una madre así tenga difícil redención, no me parece mal que nos mande a todos a la mierda, aunque sea desde una cuidada ficción.
 
Es cierto, para Moonee todos los d√≠as eran una celebraci√≥n, porque viv√≠a en el parque tem√°tico m√°s desconocido y m√°s extra√Īo de Florida.
 
Pero solo se puede ignorar la edad adulta hasta determinado momento, hasta que sus extremos asoman, y lo que antes fue perfecto ahora doloroso e injusto se queda.
El final es una reacción a toda la película: Moonee termina su infancia con el primer llanto sincero que le hemos visto tener, y Jancey le evita la tristeza llevándola a Magic Kingdom, a ese reino de ratones antropomórficos y castillos de cartón donde dicen que puedes ser feliz para siempre.
 
La c√°mara en mano se ajusta a un recorrido lineal y concreto, guiando su camino hacia un lugar donde siempre podr√°n ser ni√Īas, y se podr√°n refugiar de la maldad adulta que tanto les ha quitado.
 
Como si Sean Baker estuviera d√°ndonos, con la misma mano, una caricia y un ara√Īazo: ser√°n felices para siempre, pero nunca m√°s volver√°n a su reino encantado para serlo.
 
¬ŅFantas√≠a?
Tambi√©n parece fantas√≠a que en “el lugar m√°s feliz del mundo” mucha gente as√≠ viva, y sin embargo, mira.
 

Escrito por Carlos Sainz

 

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4.5/5

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